9. septiembre, 2018Noticias Sin comentarios

Como cada año el grupo scout La Inmaculada, cierra un año lleno de actividades y emoción, con un campamento de verano. Este año nos dirigimos al Campamento San Juan de Riópar, para así convivir como una gran familia durante 7 días.

Cada mañana nos levantábamos a las 8:00 y tras asearnos y vestirnos, nos poníamos en manos del señor con una pequeña oración, también nos explicaban la temática de ese día y por último izábamos las banderas cantando nuestro himno. Después íbamos a desayunar y empezaban las actividades. Todos los días teníamos momento de piscina y algo de tiempo libre para hablar entre nosotros o echarnos a la siesta.

El miércoles por la mañana hicimos una ruta de unos 12km, la cual nos llevó a Río Mundo, aquí aprendimos lo importante que es tener buenos compañeros que te ayudan cundo ves que no puedes seguir, esto lo experimentamos sobre todo con los más pequeños a los que se les hace más duro llegar a la meta. Podemos compararlo a nuestra vida diaria, en los momentos más duros es cuando vemos las verdaderas personas con las que podemos contar.

 Esa misma tarde tuvimos una misa celebrando la festividad de Santiago Apóstol, patrón de nuestros exploradores, en ella aprendimos lo bueno de compartir, algo que cultivamos siempre, ya que es un pilar fundamental en la vida de un scout.

El viernes por la mañana volvimos a salir del campamento, esta vez para dirigirnos al pueblo de Riópar y allí realizar una gymkana, nos volvimos a juntar por grupos para llevarla a cabo, y todos unidos, pequeños y mayores conseguimos ganar la actividad.

Esa misma tarde, recordamos todos los momentos vividos juntos durante este año entero, y cuando haces balance de todos los momentos buenos y menos buenos, porque no malos, que has pasado con esas personas, te das cuenta que ha sido un año donde has estado como en casa, que has conocido a gente genial y que quieres seguir perteneciendo a esta gran familia como es el grupo scout La Inmaculada. En este momento, es cuando, los que aún no la tienen, deciden si hacer o no la promesa, esa que si la haces, decides comprometerte con el grupo y seguir sus valores a lo largo de toda tu vida.

Por la noche, hicimos una pequeña oración y llegó el momento de meditar y encontrarte contigo mismo poniéndote en manos del señor. Ahí velamos nuestras pañoletas y fue el paso definitivo para decidir si querías o no hacer la promesa.

El sábado por la mañana tuvimos una de las gymkanas más divertidas, el Paintball, toda nuestra ropa acabó llena de colores y no buscábamos ganar, buscábamos diversión y mancharnos entre todos, como se puede decir, le pusimos “color a la vida”.

Y llegó el último día de campamento, se podría decir que el más emocionante, todos vestidos con nuestras camisas de unidad. Por la mañana recogimos las cosas y tuvimos la misa de cada domingo, fue muy bonita porque sentimos que ya se estaba acabando el campamento y en ella dimos gracias a Dios y a todos por hacer de esta semana, una semana inolvidable. Por la tarde, llegó el momento más esperado para todos, el momento de hacer la promesa. Para mi es uno de los mejores momentos, porque reafirmas que quieres pertenecer al grupo y que siempre vas a llevar contigo los valores que aquí nos enseñan, estés dentro del grupo scout o no, porque ser Scout no es un sentimiento, es algo más, es una forma de vida.

Todos volvimos a casa, pero con un buen sabor de boca. Un sabor de boca que me lleva a recordar cada momento vivido con vosotros, cada risa soltada, cada “Camina” cantado, acabado como no puede ser de otra manera en una grandísima piña, cada charla o cada magdalena “cogida prestada” para comérnosla después. Yo hoy os doy gracias por hacer de mí una persona mejor y hacer de mi año, un año más bonito, porque sí, Juntos Mejor

 

 

 

 

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