Evangelización

Plan Diocesano de Pastoral 2011-2015
«Me han encontrado los que no me buscaban;
me he manifestado a los que no preguntaban por mí»
[Rm 10, 20]

Afrontamos nuestras responsabilidades pastorales en el presente curso con el espíritu de que no se pierda la gracia de Dios para los que, por medio nuestro, van a recibir la presencia de Jesucristo: Palabra, Sacramentos, Caridad. Este método tiene la virtud de que nos aúna en el estilo del hacer en cada comunidad, y potencia nuestras energías al ponernos en marcha a todos en la misma dirección. Las Acciones, pocas y concretas que nos planteamos llevar a cabo, nos deben ayudar a hacer las programaciones pastorales de cada parroquia o instancia eclesial. A su vez, en la preparación y realización de las mismas Acciones, se van a realimentar capacidades al compartir nuestras, necesariamente, humildes aportaciones. Así se despide el Apóstol en la segunda carta a los Corintios: «Por lo demás, hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros» (2Cor 13, 11).

Nuestros trabajos pastorales no son la mera realización funcional que llevan a cabo unos encargados, sino la comunicación de la vida de unos testigos que han sido dotados de la presencia misma de Jesucristo: «el Dios del amor y de la paz estará con vosotros».

El papa Francisco no ha advertido que no debemos ser “controladores” de los sacramentos sino “servidores”. Humildad y firmeza se requiere en el servidor de la Verdad, la Bondad y la Belleza de Dios. Ante los miembros de la Iglesia más cercanos y asiduos en nuestras celebraciones que nos ensalzan y ante los que se acercan a pedir los sacramentos con la displicencia del menos creyente, deberemos recordar la actitud de Juan el Bautista: «Juan salió al paso diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene quién es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. Tiene el bieldo en su mano, para limpiar su era y recoger el trigo en su granero, y quemará la paja conpárrafo de Lumen gentium: «Y porque la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, [...]. Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales técnicos y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo». (LG 1)

Antonio Algora Hernando Obispo de Ciudad Real